Nicanor Cáceres

 



l 10 de enero del año 1813... y nacía el general Nicanor Cáceres, uno de los personajes más singulares de la historia correntina.

Su lugar de nacimiento fue la entonces llamada Villa de Curuzú Cuatiá, siendo sus padres Marcelino Cáceres, español y Francisca Rodríguez, argentina de padres españoles. Recién enviaron a la escuela a Nicanor cuando tenía ya 13 años. Don Marcelino fue comerciante, con casa de ramos generales en Curuzú Cuatiá –paso del arroyo Avalos, camino obligado del tráfico de la zona del Uruguay a la del Paraná, puertos de Goya y Esquina. Allí hizo su fortuna y fue muerto por los indios en uno de sus saqueos a la zona rural de Curuzú Cuatiá. Su esposa, al igual que sus hijos Nicanor, Estefanía, Corazón y Juana se salvaron por haberse concentrado en el pueblo de Curuzú Cuatiá.

Mantuvo siempre, desde su enorme estancia El Paraíso, de Curuzú Cuatiá, el bastión más inexpugnable que existiera en el sur de Corrientes. En esta gran propiedad como de 40.000 hectáreas, edificó el general Cáceres las casas de su residencia y administración de esa gran estancia; anexo, en grandes galpones y construcciones menores, estaba el alojamiento para el personal, allegados y para la fuerza militar que habitualmente lo rodeaba. Todos los 10 de enero festejaba sus cumpleaños con la asistencia de una multitud que se congregaba de distintos lugares de la provincia y de Entre Ríos. La fiesta duraba ocho días y nunca llegaba al exceso: carreras cuadreras, sortija y en las noches baile y taba

En 1835 se incorporó a un cuerpo de caballería como sargento y con ese grado peleó en Pago Largo y de allí en más actuó en todas las gestas gloriosas en que le tocó participar a Corrientes.

De estatura regular, grueso, fornido, de enorme actividad y energía, era rubio y su cabellera y barba de un pelirrojo característico, circunstancias que llevó a sus enemigos políticos a llamarlo “tatú pugtá”. En esto había intuición, el general era fuerte en su residencia de Paraíso, el centro de su poder, como el tatú de nuestros campos que es invencible en su cueva; lo de pugtá, rojo, debíase al color de sus cabellos.

Habitualmente usaba barba entera, no muy poblada, que hacía juego con sus ojos grandes y su mirada dominante. Fue un jinete hábil, de enorme resistencia, afecto a las marchas sostenidas y largas. Con ellas sorprendía al enemigo, y como era incansable, su ejemplo mantenía fresca y sin sueño a las tropas que conducía.

Con el grado de Alférez se sumó en octubre de 1839 al “2º Ejército Libertador” que el gobernador Ferré puso en manos del prestigioso general Juan Lavalle, cuya organización la efectuó en el Rincón del Ombú, paraje ubicado entre los departamentos de Curuzú Cuatiá y Mercedes, participando en la campaña a Entre Ríos donde se enfrentaron con las tropas de Pascual Echagüe en los combates de Don Cristóbal y Sauce Grande, en el que fue herido.

Al año siguiente se incorporó al Ejército de Reserva que el gobernador Ferré puso bajo las órdenes del general José María Paz, quien obtuvo una resonante victoria en Caá Guazú el 28 de noviembre de 1841, destacándose entre otros oficiales Nicanor Cáceres.

Después de la terrible derrota sufrida en Arroyo Grande el 6 de diciembre de 1842, oportunidad en la que actuó con el grado de Capitán, Nicanor Cáceres se refugió en los montes cercanos a Curuzú Cuatiá, desde donde al año siguiente, luego de la proclama de los Madariaga, se lanzó con su conocida bravura a recuperar la libertad de la provincia que estaba en manos de Pedro Dionisio Cabral. Ocupó primero, el 7 de marzo de 1843 la Villa de Curuzú Cuatiá y luego participó en los sucesivos combates que culminaron con el triunfo en Laguna Brava donde le cupo una descollante actuación.

El general Paz, que lo consideraba un diestro guerrillero, le confió en 1846 una división destinada a dificultar la marcha invasora del General Urquiza con quien chocó en Osamentas. Actuó en todas las operaciones que finalmente culminaron en Ibahay, punto final que intimidó al invasor Urquiza que optó finalmente por el retroceso y abandono de la provincia.
Al año siguiente, explotado con inteligencia por hábiles agentes del general Urquiza, siendo Coronel abandonó las filas correntinas del gobernador Joaquín Madariaga y se sumó con 1.000 hombres al ejército entrerriano que terminó venciendo al Ejército de Corrientes en la trágica Batalla de Vences el 27 de noviembre de 1847.

En la batalla de Caseros tuvo una destacada actuación pero no volvió conforme con el rol que le encomendara su comprovinciano el gobernador Benjamín Virasoro, cuya destitución ayudó a producir en julio de 1852, lo que permitió el acceso al poder de Juan Pujol.

En los años 1854 y 1855 sucesivamente produjo, sin éxito, dos ataques a la provincia de Corrientes desde Entre Ríos, intentando destituir a Pujol, provocando estas revueltas las primeras dos intervenciones federales a la provincia. Posteriormente participó en la revolución que destituyó en 1861 al gobernador José María Rolón, permitiendo que acceda al gobierno José Pampín, quien lo designó Comandante de Armas del Sur. Esta decisión produjo el malestar de los correligionarios liberales del gobernador, levantándose en armas el curuzucuateño Basilio Acuña y un grupo de partidarios. Estos fueron derrotados por Cáceres en el Combate de Curuzú Cuatiá el 6 de agosto de 1862, costándole la vida al Coronel Acuña.

Producida la guerra contra el Paraguay, a los dos días de la invasión de este país a la ciudad de Corrientes, ocurrida el 13 de abril de 1865, llegaba el informe al Paraíso con el chasque del coronel Gallardo y como no podía ser de otra manera, Nicanor Cáceres puso todo su valor a las ordenes del gobernador Manuel Ignacio Lagraña, siendo el primero en presentarse en el cuartel de San Roque el 24 de abril. Con mil y tantos hombres procedentes de Curuzú Cuatiá y Sauce. Peleó allí junto a muchos comprovincianos como: Fermín Alsina, Nicolás Ocampos, José Félix Leyes, Félix Antonio Romero, Juan Manuel Pérez, Santiago Baibiene, Daniel Artaza, Plácido Martínez, Solano González, Manuel de Jesús Calvo, Desiderio Sosa, Manuel Antonio Vallejos (a) El Pájaro, etc..

Nicanor Cáceres disputó con tenacidad en diversos encuentros con el ejército invasor: el 27 de junio de 1865 en el Paso del Ambrosio, comandado por el General Mitre; más tarde en el cuartel general de Ensenadita, luego en Paso de la Patria el 16 de abril de 1866, en Estero Bellaco el 2 de mayo, en la sangrienta batalla de Tuyutí el 24 de mayo de 1866, Combate del Boquerón el 18 de julio y también en Itapirú y Palmar.
En esta guerra contra el Paraguay actuó con exagerada bravura y esto le costó comentarios muy duros de la prensa europea, la que abordaba los temas de los “derechos humanos” marcando sus excesos como modelos deleznables.

Regresó a Corrientes cuando gobernaba su amigo Evaristo López, a quien intentó sin éxito defender del golpe revolucionario que le propiciaron los liberales, chocando con estas fuerzas en los pagos de Garay en 1868.
Cuando el general entrerriano Ricardo López Jordán inició la ejecución de los planes que se había trazado desde su estancia de Arroyo Grande, del departamento de Colón, que comprendía el asesinato del general Justo José de Urquiza, en su Palacio San José, el general Cáceres sospechó el motivo de los movimientos y ya era tarde, solo se resignó a sufrir en soledad la muerte de su entrañable amigo, cruzándose a Salto, Uruguay, donde falleció en su exilio el l8 de noviembre de 1870.


Nicanor Cáceres