Andresito

 

orría el año 1778... y el 30 de noviembre nacía Andrés Guacurarí, Andresito, en San Borja, territorio brasileño que por entonces pertenecía a Corrientes. Según otros autores su nacimiento habría sido cerca de 1783. Joven se agregó al entorno de José Artigas quien, posteriormente, lo adoptará como su hijo, alrededor de 1796, cuando el caudillo oriental recorría el “lejano norte” de la banda oriental.

Andresito sabía leer y escribir correctamente y su instrucción nada común para la época se completará cuando, siguiendo a su padre adoptivo, se incorpore al Cuerpo de Blandengues, donde adquirirá la experiencia necesaria para un día, impensadamente, volver a su provincia natal a gobernarla.

La victoria de Rivera sobre las fuerzas directoriales en Guayabos, el 10 de enero de 1815 en la Banda Oriental, determinarán y consolidarán la llamada Liga de los Pueblos Libres. Esta institución de hecho –ya que no hubo pacto que le diera carácter jurídico–, de la que participarán la Banda Oriental, las provincias del Litoral: Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones, y momentáneamente Córdoba, reconocerá al caudillo oriental José Artigas como su Protector. Basada en un sistema confederal de gobierno, no implicó de ninguna manera un intento de secesión de las otras provincias del Río de la Plata, pero sí desconocimiento y enfrentamiento por más de un lustro con las autoridades del Directorio.

Desengañado Artigas por la actitud neutralista del Paraguay y por la situación en que habían quedado los pueblos misioneros luego de los turbulentos sucesos del año 14, creyó oportuno nombrar Comandante General de Misiones a una persona capaz, de su entera confianza, que compenetrado de su ideario pacificase los pueblos, restableciese los derechos de los naturales y tratase de recuperar la integridad perdida, para que Misiones –como una Provincia más de la Liga–, contribuyese junto con sus hermanas a afianzar el sistema. Para ello, como diría Martín de Moussy, tenía “un instrumento maravillosamente idóneo para ese papel”: el tape misionero, Andrés Guacurarí, su hijo adoptivo, a quien como tal había criado y educado, permitiéndole incluso usar su apellido.

En marzo de 1815, Andresito –como cariñosamente se lo recuerda–, con un corto número de tropa, acompañado de su secretario y capellán, el franciscano Fray José Acevedo, sin contratiempos y con el beneplácito de sus connaturales, se instalará en Santo Tomé.

Al poco tiempo, en abril, tendrá ya recuperados los pueblos del departamento de Concepción, que habían quedado ocupados por los paraguayos desde su invasión a fines de 1814. Dispuso, en los mismos, la realización de asambleas electorales, en las cuales, por mayoría de votos fueran elegidos los diputados a ser enviados al Congreso de Oriente o Arroyo de la China, convocado por Artigas.

Se inicia de esta manera el llamado periodo artiguista en la historia misionera, en la cual la figura de Teniente Gobernador es reemplazada por la de Comandante General, más apropiada para un pueblo en armas y en la que sus gobernantes serán sus naturales guaraníes. Desaparecerán las figuras de los subdelegados departamentales y serán revalorizados los caudillos que, con los Corregidores-Comandantes, jugarán un importante papel en esta etapa.

La orden enviada por el Protector de los Pueblos Libres al comandante guaraní el 16 de julio de 1815 “apure usted al Paraguay a ver si dejan libre al pueblo de Candelaria y ellos repasan el Paraná que es la línea de su demarcación”, no era una situación circunstancial motivada por el reciente rompimiento con esa provincia, sino que se apoyaba en una realidad geopolítica heredada del tratado del 12 de octubre de 1811.

Luego de su expedición al Paraguay, Belgrano firmó un tratado por el cual, en su artículo 4º, se otorgaba a Asunción la “custodia” del departamento de Candelaria, hasta que el Congreso resolviera la demarcación definitiva. En septiembre de 1812, Manuel de Sarratea en un informe reservado al gobierno de Buenos Aires, consciente que la “posesión” de los paraguayos de Candelaria era “solamente precaria.

En 1813, el gobierno porteño enviará a Asunción la llamada misión Herrera, la que tendrá entre sus instrucciones “reclamar enérgicamente sobre la restitución de Candelaria, esta misión fracasó y el reclamo ni siquiera pudo ser presentado.

Posteriormente, al dictarse el 10 de septiembre de 1814 el llamado decreto Posadas, en relación a la nueva Provincia a crearse con “la ciudad de Corrientes y los pueblos de Misiones con sus jurisdicciones respectivas”, determinaba que en “tiempos de guerra” el gobernador intendente residiría en Candelaria.

Ya a principios de agosto, el dictador de Paraguay, Francia, que seguía atentamente los sucesos de la frontera sur, disponía el envío de tropas para reforzarla.

Concentradas las tropas, el 11 de septiembre, desde San Carlos donde se encontraba postrado enfermo, Andrés Artigas, en un último intento de resolver pacíficamente la situación y sin derramamiento de sangre, oficiará al recientemente nombrado comandante paraguayo de Candelaria José Isasi, invitándole que se le una o deje el departamento, repasando el Paraná con toda su guarnición, pero sin armamento, que ello lo hacía “como verdadero americano y hermanos que somos”, reiterándole que “al otro lado del Paraná es la frontera de la provincia republicana”.

El día 12, el caudillo guaraní enviará a Candelaria doscientos cincuenta hombres entre infantería y caballería, al mando del capitán Manuel Miño y el comandante de Candelaria solicitó parlamentar. Pero como pretendían volverse al Paraguay “con todo su armamento”, ante esa exigencia y otras de carácter dilatorio, luego de formarse junta de guerra se determinó atacar. Tres horas de encarnizado fuego duró la batalla y luego de un nuevo parlamento, fue aceptada la rendición de la guarnición que había estado defendida por 300 hombres, con todo su armamento y pertrechos de guerra.

Recuperada la antigua capital de Misiones, no solamente serán ocupados –ya sin contratiempos–, los restantes pueblos de la margen oriental del Paraná: Santa Ana, Loreto, San Ignacio y Corpus, sino también el vasto espacio que se extendía hasta los límites con Corrientes, en el Santa Lucía, ocupado por los paraguayos desde 1811.

La reacción del presidente paraguayo Francia no se hará esperar: concentrará tropas en la frontera e intentará pasar a la ofensiva mediante acciones fluviales en el Paraná. A mediados de noviembre la flotilla paraguaya se hallaba frente a Candelaria, pero no obstante el constante hostigamiento que por dos meses mantuvo alerta a las tropas misioneras, así como a las correntinas con las que Andresito había establecido contacto, los paraguayos no pudieron efectuar ningún desembarco, siendo rechazados en los pocos intentos realizados, obligados incluso a abandonar el paso de Trinidad, frente a Corpus.

Es de lamentar que la recuperación de Candelaria, no obstante la prudencia conque se desarrollaron las acciones, precedidas por diplomáticas gestiones, destinadas a evitar el derramamiento de sangre y por ende, a dejar siempre abierto el camino para que la entonces provincia del Paraguay pudiera integrarse al sistema federal preconizado por Artigas, endureció más la postura aislacionista del Dictador Francia quien, ante la ocupación, hablara de sorpresa, traición, iniquidad del jefe fronterizo, seguiría desconfiando de sus vecinos, creyendo que su neutralismo, respecto a los sucesos del Plata, era lo que más convenía a su pueblo.
Posiblemente esto haya sido acertado para el Paraguay, aunque no para la causa americana.

En enero de 1816, convencido José Artigas de que el Paraguay lo único que intentaba era incomodarlo y que no iría a repasar el Paraná, ante el movimiento de las tropas portuguesas ordenaba a Andresito que se retirara de Candelaria, dejando en dicho punto al Capitán Miño con alguna tropa de observación, y se situase en Santo Tomé para cubrir desde allí La Cruz y Yapeyú.

Para el Comandante General de Misiones una campaña había terminado: la recuperación y defensa de la frontera del Paraná, de la que se retira victorioso; ahora iba a empezar otra, mucho más prolongada, más sangrienta: la lucha con los portugueses, la lucha contra Chagas.

Un monumento a la hermandad


La iniciativa de erigir un monumento en la ciudad de Corrientes al indio misionero Andrés Guacurarí, Andresito, nos debe preparar a quienes nacimos en esta tierra no tan sólo para aplaudir una obra arquitectónica y discutir sobre la personalidad del homenajeado, sino también para que aprovechemos la ocasión y entendamos que la historia brinda estas oportunidades como una manera de reconciliarnos con propósitos comunes que utilizaron caminos y pasiones diferentes.

La historia debe servir para estrechar brazos de hermandad entre los pueblos. Así como las “misiones” nos perteneció a los correntinos y en sus territorios alumbraron a la eternidad figuras enormes de nuestra historia, como José de San Martín, Carlos María de Alvear y Balbastro, entre otros, también es justo recordar que en dichas tierras vino al mundo un indio que fue llamado el “Güemes del nordeste argentino”.

Luces y sombras envuelven para nosotros los correntinos la vida del bravo indio misionero. El notable historiador y hombre público correntino Manuel Florencio Mantilla lo describió en sus crónicas históricas con rigor, aunque el tiempo y las lecciones de la historia miradas desde una perspectiva más global, nos lleva hoy a describir su personalidad, sus hechos y consecuencias, con la mirada que afirma el concepto universal de Ortega y Gasset al afirmar "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo".

Tenía una larga trayectoria de adhesión a los principios de Libertad que proclamaba Don José Artigas. Las tribus guaraníes de Misiones se incorporaron al Exodo, en el Campamento de Daymán. En Ayuí, en el Segundo Sitio, en la lucha contra los porteños, había ido modelando, a botes de lanza, una personalidad singular, caracterizada por el empuje ardoroso y la tenacidad. Al ser elevado a la Comandancia General de Misiones, al convertirlo Artigas en adalid de sus hermanos de raza, quedó en evidencia la huella, honda y dolorosa, que en su alma había dejado la dominación lusitana. Supo alentar y fortalecer el sentimiento de rebeldía en el alma guaraní y propugnar entre ellos el verbo sagrado: "Unión y Libertad". Don José Artigas fue para los indios no sólo guía y protector. Supo despertar su alma y redimirlos del vilecimiento y la esclavitud. Ellos supieron devolverlo en fidelidad. Cuando Artigas cayó vencido, sólo indios misioneros formaban en sus enflaquecidas legiones. Pero hasta entonces, ¡cuánto esfuerzo, cuánta obra realizada, con cuánta dignidad los indios supieron gobernarse y hacer uso de su libertad!

El 30 de noviembre de 1778 nace Andrés Guacurarí, Andresito, en San Borja, territorio brasileño que por entonces pertenecía a Corrientes. Según otros autores su nacimiento habría sido cerca de 1783.

Joven se agregó al entorno de José Artigas quien, posteriormente, lo adoptará como su hijo, alrededor de 1796, cuando el caudillo oriental recorría el “lejano norte” de la banda oriental.
Andresito sabía leer y escribir correctamente y su instrucción nada común para la época se completará cuando, siguiendo a su padre adoptivo, se incorpore al Cuerpo de Blandengues, donde adquirirá la experiencia necesaria para un día, impensadamente, volver a su provincia natal a gobernarla.

El Protectorado de los Pueblos Libres

Cuando los diputados de Artiga son rechazados en la Asamblea del Año XIII, el 20 de febrero de 1813, el oriental se repliega sobre las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos constituyendo el Protectorado de los Pueblos Libres en franca oposición al Directorio. Es el motivo por el cual Corrientes no estará representada en el Congreso de Tucumán en 1816.

Artigas y sus seguidores pretendían total autonomía para las provincias, similar al status que existía en los Estados Unidos. Se sugería un presidente electo por voto popular y que no pueda ser reelecto; que el Congreso maneje las relaciones exteriores y la Capital del país sea radicada en el interior.

El proyecto legislaba también sobre derechos individuales y el Poder Judicial. Casi todos sus principios, amén de errores técnicos, serán consagrados más tarde en la Constitución de 1853. Las cuestiones legales que arguye la Asamblea sobre los certificados de los diputados orientales, fue un pretexto para neutralizar su ingreso a las deliberaciones.

El 10 de marzo es derrocado en Corrientes el Teniente Gobernador por medio de un cuartelazo. Fueron los militares correntinos que desde el Uruguay volvieron abrazando la causa de Artigas. La mayoría de los oficiales y soldados que Corrientes envió para contribuir con el sitio de Montevideo a los realistas, volvieron de la banda Oriental con la causa de Artigas en sus convicciones. Es que el oriental, mas allá del enojo que le provocó la expulsión de sus diputados del Congreso Constituyente, no claudicaba en su idea, de establecer una “república” en el Río de la Plata. Tras el golpe colocan en el poder a Juan Bautista Méndez, quien pronto ofrecerá el protectorado de nuestra provincia al oriental José Gervasio de Artigas.

La victoria de Fructuoso Rivera sobre las fuerzas directoriales en Guayabos, el 10 de enero de 1815 en la Banda Oriental, determinarán y consolidarán la llamada Liga de los Pueblos Libres. Esta institución de hecho –ya que no hubo pacto que le diera carácter jurídico–, de la que participarán la Banda Oriental, las provincias del Litoral: Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones, y momentáneamente Córdoba, reconocerá al caudillo oriental José Artigas como su Protector. Basada en un sistema confederal de gobierno, no implicó de ninguna manera un intento de secesión de las otras provincias del Río de la Plata, pero sí desconocimiento y enfrentamiento por más de un lustro con las autoridades del Directorio.

Desengañado Artigas por la actitud neutralista del Paraguay y por la situación en que habían quedado los pueblos misioneros luego de los turbulentos sucesos del año 14, creyó oportuno nombrar Comandante General de Misiones a una persona capaz, de su entera confianza, que compenetrado de su ideario pacificase los pueblos, restableciese los derechos de los naturales y tratase de recuperar la integridad perdida, para que Misiones –como una Provincia más de la Liga–, contribuyese junto con sus hermanas a afianzar el sistema. Para ello, como diría Martín de Moussy, tenía “un instrumento maravillosamente idóneo para ese papel”: el tape misionero, Andrés Guacurarí, su hijo adoptivo, a quien como tal había criado y educado, permitiéndole incluso usar su apellido.

En marzo de 1815, Andresito –como cariñosamente se lo recuerda–, con un corto número de tropa, acompañado de su secretario y capellán, el franciscano Fray José Acevedo, sin contratiempos y con el beneplácito de sus connaturales, se instalará en Santo Tomé. Al poco tiempo, en abril, tendrá ya recuperados los pueblos del departamento de Concepción, que habían quedado ocupados por los paraguayos desde su invasión a fines de 1814. Dispuso, en los mismos, la realización de asambleas electorales, en las cuales, por mayoría de votos fueran elegidos los diputados a ser enviados al Congreso de Oriente o Arroyo de la China, convocado por Artigas.
Se inicia de esta manera el llamado periodo artiguista en la historia del litoral, en la cual la figura de Teniente Gobernador es reemplazada por la de Comandante General, más apropiada para un pueblo en armas y en la que sus gobernantes serán sus naturales guaraníes. Desaparecerán las figuras de los subdelegados departamentales y serán revalorizados los caudillos que, con los Corregidores-Comandantes, jugarán un importante papel en esta etapa.

La orden enviada por el Protector de los Pueblos Libres al comandante guaraní el 16 de julio de 1815 “apure usted al Paraguay a ver si dejan libre al pueblo de Candelaria y ellos repasan el Paraná que es la línea de su demarcación”, no era una situación circunstancial motivada por el reciente rompimiento con esa provincia, sino que se apoyaba en una realidad geopolítica heredada del tratado del 12 de octubre de 1811.

Luego de su expedición al Paraguay, Belgrano firmó un tratado por el cual, en su artículo 4º, se otorgaba a Asunción la “custodia” del departamento de Candelaria, hasta que el Congreso resolviera la demarcación definitiva. En septiembre de 1812, Manuel de Sarratea en un informe reservado al gobierno de Buenos Aires, consciente que la “posesión” de los paraguayos de Candelaria era “solamente precaria.

En 1813, el gobierno porteño enviará a Asunción la llamada misión Herrera, la que tendrá entre sus instrucciones “reclamar enérgicamente sobre la restitución de Candelaria, esta misión fracasó y el reclamo ni siquiera pudo ser presentado.

Posteriormente, al dictarse el 10 de septiembre de 1814 el llamado decreto Posadas, en relación a la nueva Provincia a crearse con “la ciudad de Corrientes y los pueblos de Misiones con sus jurisdicciones respectivas”, determinaba que en “tiempos de guerra” el gobernador intendente residiría en Candelaria.
Ya a principios de agosto, el dictador de Paraguay, Francia, que seguía atentamente los sucesos de la frontera sur, disponía el envío de tropas para reforzarla.

Concentradas las tropas, el 11 de septiembre, desde San Carlos donde se encontraba postrado enfermo, Andrés Artigas, en un último intento de resolver pacíficamente la situación y sin derramamiento de sangre, oficiará al recientemente nombrado comandante paraguayo de Candelaria José Isasi, invitándole que se le una o deje el departamento, repasando el Paraná con toda su guarnición, pero sin armamento, que ello lo hacía “como verdadero americano y hermanos que somos”, reiterándole que “al otro lado del Paraná es la frontera de la provincia republicana”.

El día 12, el caudillo guaraní enviará a Candelaria doscientos cincuenta hombres entre infantería y caballería, al mando del capitán Manuel Miño y el comandante de Candelaria solicitó parlamentar. Pero como pretendían volverse al Paraguay “con todo su armamento”, ante esa exigencia y otras de carácter dilatorio, luego de formarse junta de guerra se determinó atacar. Tres horas de encarnizado fuego duró la batalla y luego de un nuevo parlamento, fue aceptada la rendición de la guarnición que había estado defendida por 300 hombres, con todo su armamento y pertrechos de guerra.

Recuperada la antigua capital de Misiones, no solamente serán ocupados –ya sin contratiempos–, los restantes pueblos de la margen oriental del Paraná: Santa Ana, Loreto, San Ignacio y Corpus, sino también el vasto espacio que se extendía hasta los límites con Corrientes, en el Santa Lucía, ocupado por los paraguayos desde 1811.

La reacción del presidente paraguayo Francia no se hará esperar: concentrará tropas en la frontera e intentará pasar a la ofensiva mediante acciones fluviales en el Paraná. A mediados de noviembre la flotilla paraguaya se hallaba frente a Candelaria, pero no obstante el constante hostigamiento que por dos meses mantuvo alerta a las tropas misioneras, así como a las correntinas con las que Andresito había establecido contacto, los paraguayos no pudieron efectuar ningún desembarco, siendo rechazados en los pocos intentos realizados, obligados incluso a abandonar el paso de Trinidad, frente a Corpus.

Es de lamentar que la recuperación de Candelaria, no obstante la prudencia conque se desarrollaron las acciones, precedidas por diplomáticas gestiones, destinadas a evitar el derramamiento de sangre y por ende, a dejar siempre abierto el camino para que la entonces provincia del Paraguay pudiera integrarse al sistema federal preconizado por Artigas, endureció más la postura aislacionista del Dictador Francia quien, ante la ocupación, hablara de sorpresa, traición, iniquidad del jefe fronterizo, seguiría desconfiando de sus vecinos, creyendo que su neutralismo, respecto a los sucesos del Plata, era lo que más convenía a su pueblo. Posiblemente esto haya sido acertado para el Paraguay, aunque no para la causa americana.

En enero de 1816, convencido José Artigas de que el Paraguay lo único que intentaba era incomodarlo y que no iría a repasar el Paraná, ante el movimiento de las tropas portuguesas ordenaba a Andresito que se retirara de Candelaria, dejando en dicho punto al Capitán Miño con alguna tropa de observación, y se situase en Santo Tomé para cubrir desde allí La Cruz y Yapeyú.

Para el Comandante General de Misiones una campaña había terminado: la recuperación y defensa de la frontera del Paraná, de la que se retira victorioso; ahora iba a empezar otra, mucho más prolongada, más sangrienta: la lucha con los portugueses, la lucha contra Chagas.}

Andresito en Corrientes

El 20 de abril de 1814 el Cabildo de Corrientes, a instancias de Artigas, proclama la independencia de la provincia bajo el sistema federativo, y rompe con Buenos Aires.

El Cabildo no reunió el Congreso Constituyente en la fecha que Artigas ordenó, pero fue porque no veía aún organizada la provincia políticamente y consideraba inoportuno. Esto llevó al oriental a designar delegado suyo a Genaro Perugorría, a quien le otorgó amplios poderes para llevar a cabo el ordenamiento político necesario. El joven militar llega a Corrientes recién a fines de Mayo de 1814, proveniente del campo artiguista en la Banda Oriental y en el mes Julio preside el Congreso Provincial. Por ese entonces, el gobierno de Buenos Aires había elevado a José Gervasio de Artigas al rango de Teniente de Gobernador de los pueblos de las Misiones con asiento en Santo Tomé, prestándole juramento de obediencia Yapeyú y La Cruz.

Pero el 9 de octubre de ese año se levanta Perugorría contra Artigas e inicia desde San Roque, provincia de Corrientes, la campaña contra el caudillo oriental que continuaba enfrentado con Buenos Aires. Si bien Corrientes compartía sus ideas, deseaba integrarse a Buenos Aires. Por eso, en forma secreta, comenzó Genaro Perugorría a elaborar un plan diferente con los hermanos Fernández Blanco, Ferré, García de Cossio y otros, con la idea de incorporarse a Buenos Aires. El propósito oculto era una posición intermedia a las que sostenían, Artigas por un lado, que quería un federalismo a ultranza y que la capital de las Provincias Unidas del Río de la Plata estuviera en el interior, y la postura del flamante Director Gervasio Posadas en otro sentido, que pretendía continuar centralizando el poder desde el puerto. Tomada la decisión, Perugorría y Fernández Blanco comunican por oficio secreto a Posadas y le piden como ayuda por lo menos 300 hombres armados para prevenir lo que sería una inminente represión de Artigas.

De San Roque se dirigió el coronel Perugorría a Curuzú Cuatiá y tras tomar la ciudad encaró nuevamente hacia el norte, atravesando el río Corriente hasta trabarse en lucha con las huestes de Blas Basualdo que envió el oriental. Perugorría, al frente de 150 hombres, no pudo contra la fuerzas cinco veces mayor de los artiguistas y se rindió pidiendo por la vida de sus hombres. La decisión final de Artigas fue ordenar el fusilamiento de Perugorría, lo que se cumplió en su campamento de Abalos el 17 de enero de 1815.

El 21 de agosto de 1818 Andresito hace su entrada en Corrientes. Desde ya que dejó un sabor amargo en la sociedad su visita, quien dispuso como primera medida, que una guardia permanente cubra el domicilio de la familia Vedoya, donde el se alojaría. Esta propiedad se hallaba ubicada en la calle 25 de Mayo, entre La Rioja y Salta, al lado de la casa de la familia Madariaga.

Asimismo, los indios misioneros que acompañaban a Andresito, se instalaron en casas particulares después de desalojar a sus propietarios. Con respecto a estos indios, dice el historiador Manuel Florencio Mantilla en su Crónica Histórica de Corrientes, que presentaban un aspecto realmente repugnante, andaban casi desnudos, sucios y que algunos se cubrían con un raído chiripá y otros con pedazos de cuero.

En el alojamiento del indio Andresito, ondeaba la bandera del ejército de Artigas, que era colorada, blanca y verde.

El 14 de marzo de 1819 Andresito abandona Corrientes. También lo hacían sus divisiones de la ciudad de Goya, iniciando así su alejamiento del territorio provincial. Solo dejó algunas divisiones para ayudar al sostenimiento del gobierno del Capitán Juan Bautista Méndez, a quien el indio misionero había dejado, por instrucciones de Artigas, como máxima autoridad de la provincia en su reemplazo.

Andresito también tomó algunas tropas de línea de la ciudad de Corrientes para aumentar su ejército que debía incursionar sobre territorio portugués, con el propósito de ejercer presión sobre las fuerzas de ese país que acosaban en la Banda Oriental. Al trabarse en lucha fue derrotado Andresito y las unidades de indios guaraníes volvieron a Corrientes para vivir de sus propios recursos.

El coronel indio

Mientras han transcurrido años de guerra y de prueba; los tenientes han caído a montones, han caído por bravos o porque la adversidad doblegó muchas almas débiles que abandonaron la lucha. Artigas está cada día más solo y cada día más firme y decidido. Allá en el norte, Andresito es el alma de la resistencia, el que luego de cada fracaso retempla el alma de su pueblo y prosigue la lucha. Sus gestos, sus actitudes, tienen la trascendencia profunda de quien se sabe protagonista de una gesta heroica. Su entrada en Corrientes, luego de vencer en Saladas, a pie y desarmado, simbolizan su humildad y amor a la Paz. Su juramento de Butuhí, al perder la espada y manifestar que no usaría otra hasta ganarla con honor, destaca un alma noble capaz de las mayores hazañas.

Más que las victorias militares de Misiones los portugueses celebraron la prisión de Andresito. Cayó prisionero oscuramente, tan tristemente como sería su suerte futura. Los jefes portugueses que fueron sus adversarios y que retrocedieron ante su brío, no supieron respetar aquella gloria vencida. Crueldades y vejaciones jalonaron su paso, primero hacia Porto Alegre y luego hasta Río de Janeiro. Atado con tiras de cuero crudo por el cuello, con otros prisioneros, trabajó en las calles de Porto Alegre. Un subterráneo lo albergó luego en la Isla Das Cobras. Así desapareció físicamente del escenario político rioplatense este Coronel Indio, pero su nombre ha quedado ardiendo como una firme luminaria en la fe de un ideal. Andresito Guacararí allá en el norte, en medio de las ruinas de los pueblos misioneros, entre el dolor y la rebeldía, es el símbolo de la libertad alzado contra el invasor."

Mientras en Tucumán se declaraba la Independencia, Güemes en el noroeste y Andresito en el nordeste, le ponían el pecho a las lanzas de afuera. Las que invadían y asolaban nuestro suelo. La historia no es solamente la que se vivía en los salones, la historia es también la que se sentía en la ebullición de una sangre caliente en los campos de batalla. Es cierto, ni Gúmes ni Andresito estuvieron en Tucumán, tampoco el más grande entre los grandes, José de San Martín. Todos ellos, más otros miles de connacionales hacían la historia con una espada en la mano.

Vale hoy este homenaje para armonizar las tonalidades de la historia. Vale porque su región de origen, el nordeste correntino, más que nunca tiene que mirarse hoy en la figura de quien peleó apasionadamente por preservar una comarca que más allá de las autonomías que sus departamentos reclaman en la actualidad, el espíritu e inteligencia de sus protagonistas debe ser elevar la mira hacia el conjunto de los mejores propósitos en aras de un proyecto que perpetúe con inteligencia la lucha ancestral de Andresito.

Andresito.

 

 

 

 

 

Pueblos guaraníes y restos de las reducciones jesuíticas.

 

 

 

 

 

José Gervasio Artigas.

 

 

 

 

 

 

Gaspar Rodríguez de Francia.

 

 

 

 

 

 

 

Acción paraguaya por río.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Selva misionera (dramatización).